BARCELONA: CINCO SECRETOS DE LA PLAÇA SANT FELIP NERI

No podemos hablar de un rincón por descubrir, pues ya hace tiempo que la Plaça Sant Felip Neri ha pasado a ser el lugar preferido de muchos barceloneses. Ubicada entre la Plaça Sant Jaume i la Catedral de Barcelona, esta plaza ha sido durante años y sigue siendo uno de esos lugares que, pese a la cantidad de turistas que pueden circular por allí, destila el encanto de lo autentico. Los niños, muchos de ellos de una guardería ubicada allí mismo, impiden a los turistas sacar esa foto solitaria. Algunas parejas jóvenes se sientan encima de la barandilla de piedra de su fuente, mientras que otros turistas más acomodados prefieren hacerlo en la única terraza. Todo es válido para gozar del mayor de los tesoros que nos presenta esta plaza: la tranquilidad.

Pero sin embargo este espacio alberga cicatrices de una de las épocas más crudas que aún perduran en la memoria de mucha gente de Barcelona: la Guerra Civil. Es en este espacio donde, si examinamos con lupa, podemos observar algunos de sus secretos o curiosidades. En este artículo pasamos a examinar este espacio, tratando de desengranar aquellos aspectos que las cicatrices de esta plaza tratan de transmitir.

Secreto número 1: Pioneros en el bombardeo por saturación y señales de metralla

Si bien esto ya no es un secreto para muchos de los habitantes de la ciudad, sigue causando estupor para aquellos que desconocen la historia. El 30 de enero de 1938, Barcelona pasaría a formar parte de la historia militar por ser la primera ciudad donde se probaba un nuevo tipo de bombardeo sobre la población: el bombardeo de saturación. Y en concreto, esta plaza que hoy tratamos sería una de sus víctimas.

El bombardeo de saturación consiste en bombardear una zona y volver a hacerlo al cabo de poco tiempo. Con ello se logra aumentar el número de víctimas, pues a parte de atacar los habitantes de las casas con el primer ataque, los equipos de rescate que acuden al lugar pasan a ser también víctimas de las cargas explosivas.

En 1938, lo que hoy es la plaza era el cementerio medieval de Montjuïc el Bisbe, donde estaba enterrado el bandolero Joan de Serrallonga entre otros. Ese 30 de enero, a las 9 de la mañana, aviones del frente Nacional bombardeaban la zona causando graves destrozos tanto a la iglesia como a los edificios colindantes. A las 11 de la mañana repetían su ataque en esta misma zona. El resultado fue de cuarenta y dos víctimas mortales, veinte de los cuales eran niños, los cuales habían acudido a la iglesia como refugio. Debido a la potencia del ataque, el techo de esta iglesia venció, sepultando la población civil que había en su interior.

Esto nos lleva directos al secreto número 2, el más conocido de la plaza valga la contradicción.

Secreto número 2: Señales de metralla en la fachada

La fachada de la iglesia quedó marcada a causa de esta deflagración además de la metralla consecuente. La plaza, antes del bombardeo, era tan pequeña que actuó de metralla en si misma.

Años más tarde, cuando el conjunto se reconstruiría, el arquitecto decidió dejar estos restos en forma de memoria histórica de los acontecimientos sucedidos. Por ello, a día de hoy, el visitante puede observar con total claridad los agujeros producidos por el bombardeo en la fachada de la iglesia de Sant Felip Neri.

Algunas teorías apuntaban a que dichos agujeros fueron producidos por armas al usar la pared como lugar de ejecuciones. Pero al contrario de la del bombardeo, esta teoría no esta documentada.

Secreto número 3: Amplitud no original

Antes del bombardeo, esta plaza albergaba el cementerio medieval de Montjuïc el Bisbe. Este era considerablemente más pequeño que el tamaño que tiene a día de hoy la plaza. Debido al bombardeo, algunos de los edificios que rodeaban este cementerio se derrumbaron, dejando un mayor espacio que, años después, se aprovecharía para ampliar este espacio y hacer una plaza.

Como muestra, aquí se puede observar un plano del año 1862, donde se observa el tamaño de la pequeña plaza y la distribución original de los edificios.

Secreto número 4: Edificios que no estaban y que ahora están

Te proponemos hacer un juego si visitas la plaza. El juego consiste en ponerse cerca de la fuente central y hacer una vista de 360º a todos los edificios que nos envuelven. A continuación, tenemos que decir que edificios estaban antes del bombardeo de 1938. Si nadie nos ha chivado la verdad, nos equivocaremos seguro.

Para empezar, el edificio que se encuentra al lado de la iglesia, con un arco que encabeza el piso de encima de su puerta principal, no estaba allí. Este edificio era el del Gremio de Caldereros. Su ubicación inicial fue en la antigua calle de Boria, pero fue derribado para ampliar la Via Laietana a principios del Siglo XX. Del edificio original solo se conservó la fachada con el arco. Más tarde, esta misma fachada se ubicaría en 1911 en la Plaça Lesseps. Finalmente, en 1950, se le encontraría su ubicación actual en esta plaza.

Y el otro edificio que también llama a engaño, es el edificio del Gremio de los Zapateros. Este edificio, datado de 1565 y ubicado en una esquina de la plaza, inicialmente se encontraba en la antigua calle Corríbia, frente a la Catedral de Barcelona. Tras los bombardeos de la Guerra Civil, la zona quedó muy tocada de modo que en 1943 se hizo una reordenación de calles y se eliminaron estos espacios. Sin embargo, esta casa se trasladó de sitio, ubicándola en esta plaza, en 1950. Se puede apreciar en su fachada un zapato, símbolo del gremio y que fue usado como modelo para la realización del zapato del monumento a Colón, de 122 centímetros de largo.

Secreto número 5: Accesos nuevos que parecen antiguos

Para finalizar dicha remodelación fue necesario abrir nuevos accesos. Concretamente se hizo el acceso desde el carrer del Bisbe, al cual se accede pasando por debajo de distintas construcciones arqueadas.

¿Quien fue el creador de esta plaza?

Adolf Florensa. Si bien no es el creador original de este espacio, si que es el creador de la remodelación posterior y su aspecto actual.

Este arquitecto y catedrático se encargo en 1950 del proyecto de remodelación de este espacio, construyendo un espacio que solo en su mente se podía imaginar. Aunque ninguno de los edificios sea de gran valor arquitectónico, el conjunto hace de esta plaza una de las que tiene más encanto en Barcelona.

El mismo Adolf Florensa, como amante de la arquitectura, describió la acción del bombardeó con las siguientes palabras:

“La bella plazuela fue maltratada por la guerra. Una de las mayores bombas de

aviación cayó en ellas y, en un espacio tan cerrado, la onda de compresión

había de causar forzosamente grandes daños. Tres de casas, entre ellas la que

se atravesaba por debajo, fueron prácticamente barridas; los muros de la

iglesia y del convento resistieron mejor, pero quedaron acribilladas de manera

indescriptible; y las puertas de la primera, que eran gruesas y forradas de

hierro, arrancadas de sus fuertes goznes y llevándose por delante la gran

cancela, fueron a parar al presbiterio. La plaza fue descombrada, quedando

mayor que antes; pero dos de sus lados (…) no son más que solares abiertos y

limitados por horribles medianeras; todo el encanto de la plaza ha

desparecido….”

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