TURISMO INDUSTRIAL EN EL BERGUEDÀ: Museu de les mines de Cercs y Museu del ciment Asland

Hoy entramos en la comarca de El Berguedà para traeros un conjunto de visitas industriales que seguro que les gustarán tanto a los más pequeños como a los mayores. Al menos, en nuestro caso fue así, ya que tanto nuestros niños de 2 y 4 años como a nosotros nos encantaron. Sí, vale, puede que a ellos dos les interesara más lo de subir en trenecitos que no la historia que se narraba, pero sin duda les encantó y (esperemos) con algo de la historia se quedaron. Estas visitas dan para un fin de semana completito (se encuentran muy cerca una de otra), si estáis dispuestos a hacer un intensivo industrial histórico.

No nos distraeremos mucho en explicaros la historia de la revolución industrial en El Berguedà, ya que para ello tenemos otro artículo que completará nuestra visita, pero sí que daremos unas pocas pinceladas para introduciros en este contexto industrial que hoy día podemos visitar a través de museos y visitas guiadas.

Una breve mirada histórica

El Berguedà, concretamente tanto la conca de Cercs como la Pobla de Lillet, fueron escenarios de grandes cambios industriales durante los dos siglos anteriores. En la primera encontramos una explotación minera de carbón, mientras que en el caso de la Pobla nos encontramos con una explotación minera de roca calcaría y una posterior elaboración de cemento tipo Portland, un cemento novedoso que permitía construir más fácilmente las nuevas estructuras necesarias. Pero permitidnos poneros en un antecedente rápido de cómo surgieron estas necesidades.

Si hablamos de carbón, nos encontramos en una Cataluña con muchas necesidades de este material. Las nuevas industrias necesitan la fuerza de ríos o de carbón, pues la electricidad aún  no ha llegado. Sin embargo, la mayor parte de carbón es importado desde Inglaterra, creando una dependencia energética de esta nación (en un momento en que las naciones van cada una un poco por su lado… de modo que nadie quiere depender demasiado del otro).

Museu de les mines de Cercs

Si, en cambio, hablamos de cemento, nos encontramos con una Cataluña que debe dar cabida a nuevas construcciones industriales y, sobretodo, a una expansión sin precedentes de las ciudades más importantes (como por ejemplo El Eixample de Barcelona). Además, con las innovaciones en materiales, se descubre un tipo de cemento que es mucho mejor que el cemento de mortero de calcio de los tiempos romanos: el cemento Portland.

Museu del Ciment Asland a Castellar de n’Hug

Pues bien, resulta que justo en esta zona de El Berguedá se dispone tanto de carbón natural como de la roca calcaría, además del río Llobregat para dar fuerza al asunto. Y con todo esto (y unas buenas inversiones de capitales privados) empieza nuestra historia industrial.

Visita a las minas de carbón de Cercs

Empezaremos por orden de materia prima: el carbón

¡Nos encanta el turismo industrial! Si hemos avanzado tanto desde el siglo XIX es, en gran parte, por esta industrialización. Por esto, cada vez que nos centramos en algo histórico-industrial, en realidad lo que estamos viendo y aprendiendo es la evolución de la historia desde abajo, desde la clase trabajadora, no desde la nobleza y la burguesía, y esto nos permite tener una mejor perspectiva histórica. Y si encima vas en trenecitos hasta el interior de cuevas, ¡eso que te llevas!

Aquí visitaremos las minas de carbón de Cercs, que en realidad forman parte del conjunto de Museos de la Ciencia y la Técnica de Cataluña (mNACTEC). Para llegar allí, debemos dirigirnos al pueblo de Sant Corneli, cerca de Cercs, el cual en realidad no deja de ser la colonia industrial donde vivían los trabajadores de la mina. Antes de entrar al museo podemos echar un vistazo a las casas de alrededor a parte de la gran e histórica grúa excavadora aparcada en la puerta del recinto.

El coste de acceso es de unos 11 Euros por persona, aunque si disponemos de alojamiento en la zona o algunos carnets concretos (Carnet Jove, por ejemplo) encontraremos algún descuento. El precio incluye una visita libre a la sala de exposiciones, la entrada a la antigua casa obrera, un resumen audiovisual, la vuelta en tren hacia el interior de la mina y la visita guiada en el interior de la mina.

En la primera parte de la visita al museo podemos aprender más de la vida de los obreros y la evolución social de la fábrica, así como las inversiones que se hicieron a lo largo de su historia. Seguidamente accedemos a una casa de un obrero, ambientada tal y como estarían en el año 1944. La verdad es que es una de las partes más carismáticas, pues nos transporta a un pasado no tan lejano y desde el punto de vista más terrenal.

Después empezamos ya con una segunda parte de la visita, donde se pueden ver los detalles de la extracción del carbón así como un audiovisual con la historia de casi 150 años resumida en 20 minutos. Y de aquí, ¡al tren!

Una sonora bocina industrial marcará la arrancada de nuestro tren minero, un ferrocarril de vía muy estrecha con vagones abiertos que nos llevará 450 metros al interior de la mina. En realidad, ese tren nos lleva muy poco hacia dentro, pues se dicen que hay cerca de 9 km de profundidad en esas minas. En la visita, el guía nos explicará cómo se extraía el carbón desde el inicio (con los payeses trabajando en alpargatas para sacarse un sobresueldo) hasta el año 1991, cuando se cerró la explotación minera. Allí veremos cómo los avances tecnológicos permitían cada vez llegar un poco más lejos en la extracción y permitir seguir siendo competitivos (hasta el año de su cierre, donde la inversión requerida ya no salía a cuenta).

Ese carbón extraído sirvió durante mucho tiempo para alimentar las fábricas de la Catalunya industrial, entre ellas a nuestra segunda protagonista de hoy, la fábrica de cementos de Asland de Castellar de n’Hug. Y si, si os lo preguntabais, también subministro mucho carbón a esa “bonita” central térmica de Cercs, a través de trenes y cintas de transporte que llegaban directamente desde la mina a la central.

Visita a la fábrica Asland y el tren del ciment

Hoy la cosa va de turismo industrial, os lo avisábamos al inicio. Ahora toca la segunda de las fábricas y quizá una de las más originales que podemos ver en el conjunto catalán.

Corría el año 1901. Hacía poco que una familia inglesa había encontrado un nuevo cemento que resolvía los problemas con la humedad del antiguo cemento de mortero de cal. Lo llamaron Cemento Portland, por ser de esa zona inglesa. Ese cemento era ideal para mejorar las capacidades constructivas, con arquitectos siempre pensando en hacer edificios más esbeltos y menos gruesos (una obsesión arrastrada siempre a lo largo de la historia por arquitectos). Un arquitecto valenciano decidió ser el abanderado de este tipo de cemento creando grandes obras muy aclamadas por todo el mundo, su nombre era Rafael Guastavino. Pero no, sus obras no fueron en Valencia, ni tan solo en España. Guastavino vivió su mayor parte de vida en Estados Unidos y fue allí donde construyó espacios con la ayuda de este cemento.

Y los arquitectos de España o Catalunya poco tardaron en querer imitarlo. Pero necesitábamos ese cemento, y para hacerlo necesitábamos piedra calcaría, carbón y una fuente de energía capaz de dar 2500 caballos de potencia. Y, casualmente, en esa zona del Berguedà encontraremos la piedra calcaría, el río Llobregat que nos dará esa potencia y el carbón de nuestra otra mina antes expuesta. Ya teníamos todos los ingredientes. Bueno… faltaba el dinero, pero para eso ya tenemos al inversor más famoso de esa época: Eusebi Güell.

El mismo que encargó a Gaudí el Palau Güell y el Parc Güell también tenía industrias de donde obtenía sus fortunas. Y esta era una de sus industrias. La fábrica Asland es una fábrica modernista que aprovecha la gravedad del desnivel de la montaña para su fabricación, de modo que distribuye la cadena de montaje en sus 13 pisos. Pero lo que realmente da un aspecto claramente único es sus techos de vuelta de ladrillo plano, un tipo de construcción muy complicado que requería, como no, de ese cemento Portland. El arquitecto de esta obra fue Isidro Pedraza, pero fue asesorado por el propio Guastavino.

La distribución de formas la hacía el aparador perfecto para su propio producto. Eso siempre que el cliente estuviera dispuesto a llegar, pues el problema de la fábrica fue la ubicación, ya que la zona se encontraba alejada de los núcleos urbanos. De hecho, este fue uno de los motivos de su cierre, en 1975, pero también de la creación de otra de sus atracciones de hoy: el tren del ciment. Este tren de vía estrecha conectaba la fábrica con Guardiola de Berguedá, desde donde ya llegaban los trenes convencionales para llevarse los sacos de cemento a las ciudades. Hoy día, este tren solo conecta la Pobla de Lillet con la fábrica, pero nos permite ir desde estos dos puntos y hasta visitar los “Jardins d’Artigues”, obra de Gaudí en recompensa a los señores de Artigues por permitirle hospedarse allí.

¡Dejemos la historia atrás y hablemos de la experiencia! Para llegar allí simplemente debemos seguir las indicaciones hasta Castellar de n’Hug. Un poco antes de llegar encontraremos el desvío a la fábrica (la cual ya se ve desde la propia carretera) hacia “El Clot del Moro”. Como las minas, esta fábrica también es un museo de la red de Museos de la Ciencia y la Tecnica de Catalunya (mNACTEC). La visita, que no es guiada, incluye un recorrido por la parte más museística, donde nos explicará las características de los cementos, los inicios de la fábrica, su etapa productiva y el posterior cierre.

Pero sin duda, lo que nos gustó más fue entrar en la parte “abandonada” de la fábrica. Si nos leéis ya sabéis que sentimos especial atracción por los lugares abandonados… Aunque en este caso sea un “abandonado” preservado, cercado y guiado. Sin embargo, esto no quitó emoción a la visita, ya que el recorrido nos permite pasar por túneles y silos que nos evocan cómo fue esa fábrica en sus momentos más activos, de modo que no podemos hacer más que recomendar esta visita.

Y si queremos completar esa mañana o ese día, desde allí mismo podemos coger el mencionado Tren del Ciment, el cual nos llevará a más velocidad de la que inicialmente podemos pensar cuando lo vemos desde fuera hasta la Pobla de Lillet o hasta els Jardins d’Artigues de Gaudí, otra de las visitas recomendadas.

Trenet del Ciment

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