Congost del Mu: pasarelas sobre el desfiladero

Una ruta muy fácil y con una cueva, casas abandonadas, pasarelas y puentes colgantes

Tiempo medio de la actividad1:30 horas
Franja de tiempo ocupadoMedio día
Tiempo aproximado desde Barcelona2 horas
Ideal para: excursiones fáciles, con niños, amantes de turismo natural e industrial, historia

Una vez más, os proponemos otra actividad para hacer por la Noguera. Se trata esta vez de una caminada muy fácil que, si queréis, podéis alargarla hasta los 16 km y llegar al puelo de Alós de Baraguer. No fue nuestro caso, donde hicimos una primera parte del recorrido (y la más pictórica) hasta un puente colgante. Os lo contamos.

En esta ruta podréis ver la presa de Camarasa, unas instalaciones abandonadas (las antiguas instalaciones donde vivían los ingenieros de esta presa), una cueva, la unión de los ríos Segre y Noguera Pallaresa, una pasarela metálica por un increible desfiladero y un puente colgante. Seguro que os encantará.

Donde aparcar en el Congost del Mu

Pues aquí viene el primer reto de la excursión: llegar temprano para poder aparcar en el Parking del Mu, un pequeño estacionamiento donde caben unos 15 coches. Vigilad con las líneas amarillas, las cuales marcan que no puedes aparcar invadiendo el acceso o casi con seguridad te multarán.

En nuestro caso pudimos aparcar perfectamente, pero si no lo lográs y llevas un coche un poco alto, puedes estacionar en el otro lado de la carretera. Os repito: si llevas un coche un poco alto (SUV, 4×4, furgoneta de esas que son indestructibles…). Si vas con el deportivo o con un coche normal, te dejarás los bajos si te despistas. Vigila con ese parking si en el normal ya no quedan huecos.

Empieza la caminada por el Congost del Mu

Ahora sí, empezamos. Sobrepasamos la valla y caminamos por una carretera asfaltada cortada al tráfico. Es el acceso a las instalaciones de la presa de Camarasa, normalmente no encontraremos ningún vehículo.

A un lado vemos el río Segre, que en ese paso tiene curiosamente unos colores muy bonitos. El fondo, menos profundo y con un tipo de sedimento concreto, da ese toque azul claro que solo veremos allí.

Y llegamos al primer punto “turístico”: las antiguas instalaciones abandonadas de los ingenieros. Eran principalmente oficinas y almacenes para herramientas. Hoy tiene el acceso cerrado y diversos carteles te indican que es una propiedad privada y videovilada. Aunque seria de muy fácil acceso y dudamos que existan cámaras, hicimos un esfuerzo de voluntad y no nos metimos. Ya sabéis que nos encantan los lugares abandonados, y ese tenía buena pinta. Eso sí, está a la venta, por si lo queréis comprar.

Segundo punto “turístico”: una cueva. Pronto a mano derecha os encontraréis una gruta por donde podría llegar a caber un coche y que parece no tener final. Parece y no lo encontramos: nos metimos bien al fondo, pero eso no acaba nunca. Entendemos que esa gruta tiene más de algo de la instalación de la presa que de natural… Pero es espectacular.

Seguimos y pronto descubrimos la unión entre el río Segre y el río Noguera Pallaresa. De este segundo solo vemos la presa que lo contiene. Aunque las presas siempre tienen mucho de espectacular, esta es más contenida. Entre que se ve desde el otro lado del río y que tampoco es de las grandes, no esperéis encontraros algo abismal. Pero esta curiosa, con su edificio al lado. Su construcción empezó en 1917 y se empezó a llenar el embalse en 1920. Tiene en total 101,57 metros de altura y, pese a que hoy no la vemos tan grande, fue la más alta de Europa y la tercera más alta del mundo.

Seguimos… y nos encontramos el inicio de la pasarela. Esta pasarela metálica discurre por el lado del río en una parte donde el desfiladero es verdaderamente escarpado. Si hay alguien que tiene mucho vértigo, es mejor que no entre, pero ya os decimos que la ruta es muy fácil. Nosotros, con niños de 3 y 5 años, la hicimos sin problemas, siempre llevándolos muy cerca. Las vistas son espectaculares, tanto del río, del desfiladero como de los cielos, donde veremos buitres o aves de río sobrevolándonos.

Y llegamos a nuestro fin: el puente colgante del Congost del Mu. Esta pasarela colgante también nos encantó, tanto a los grandes como a los pequeños. Su tambaleo se nota en todo momento y hace que suba un poco la adrenalina, pese a que repetimos que es muy fácil.

Podríamos seguir, pero hemos leído que la parte más espectacular es esta. Tampoco nos da para más el tiempo, de modo que, en nuestro caso, deshicimos el camino.

En resumen…

Es una buena excursión para descubrir este enclave natural, con diversas atracciones que nos gustarán y nos mantendrán entretenidos. Se puede hacer con niños y hasta con mascota, pese a que la pasarela es de esas a los que les duele las pezuñas (yo la evitaría con mi perro, vaya). No es nada complicada y te da una buena experiencia.

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