Visita al CRAM

Tiempo medio de la actividad1’5 horas
Franja de tiempo ocupadoMedio día
Tiempo aproximado desde Barcelona20 minutos
Ideal para: niños, adultos, aficionados a la ciéncia

Hoy visitamos uno de esos proyectos que te hacen sentir orgulloso de la humanidad (y no suelen suceder estos momentos). Se trata del Centre de Recuperació d’Animals Marins (CRAM), ubicado en el golf del Prat del Llobregat, justo al lado de la playa. Se trata de una finca ubicada en una zona privilegiada, con unas instalaciones que podemos ver en primera persona y entender qué hacen y cómo lo hacen. Y si vamos con niños, también será un lugar ideal para que ellos conozcan más de la fauna en el Mediterráneo y las buenas (y malas) prácticas en nuestros hábitos.

Un breve resumen

El CRAM es, en resumen y a grandes rasgos, una clínica para animales marinos. En su recinto de 18.000 metros cuadrados encontramos una clínica de recuperación de animales, un edificio de administración, personal y educación (donde finalizaremos la visita), un espacio de estudios postmortem y varias piscinas y tanques destinados al tratamiento de animales.

Esta clínica permite dar una primera atención a animales enfermos, heridos o con algún problema en la movilidad (normalmente por culpa de la acción humana). Cuando tienen noticia de algún animal “necesitado”, ellos tratan de darle una cura, un tratamiento y, cuando está recuperado, lo devuelven a su hábitat. O no. Porqué, desgraciadamente, algunos de estos animales ya no pueden volver y se quedan en sus instalaciones, pero no es el objetivo normal.

Pero no solo curan animales: también hacen un importante trabajo en investigación, en la mejora de la preservación marina, hacen servicios para municipios, formación, etc.

La visita

Pero vamos a lo que nos importa: cómo tener entretenidos a nuestros hijos y hacer de buenos padres enseñándoles lo mejor que podamos. En este caso, el CRAM ofrece una visita en sus instalaciones tanto para particulares como para escuelas. Como no somos escuela, nos centraremos en lo primero.

Las visitas se hacen en fin de semana y están segmentadas por edades. Podemos encontrar visitas para niños de 3 a 5 años, a partir de 5 años, de 6 a 12 años o a partir de 16 y adultos. En nuestro caso optamos por la de los más peques. Siempre debemos hacer la reserva previa, la cual podemos hacer mediante la misma web (www.cram.org) o mediante el teléfono (93 1010 170). Los precios van desde los 5.50 € hasta los 8.50 € (niños menores de 2 años no pagan).

Aunque parezca que hay espacio suficiente, no se puede aparcar dentro. No hay señales que lo indiquen (al menos cuando fuimos) y creo que eso da pie a error (¡no cuesta nada poner un cartel!). Fuera hay espacio de sobra, al menos en invierno. En verano… tiene pinta de ser más complicado.

Empezamos la visita con una breve explicación del CRAM y un resumen sobre las tortugas. Tras ello, nos desplazamos a la parte de clínica veterinaria, la cual se visita desde el exterior a través de vitrinas. En su interior podemos ver algunos elementos veterinarios, pero sin duda la atracción de los niños son las vitrinas donde podemos ver las tortugas residentes. Se trata de tortugas lesionadas que están esperando recuperarse o, en gran parte de casos, ya no pueden volver al mar debido a las lesiones que se hicieron. Sin duda la labor que hacen es excelente.

Los niños nunca querían abandonar las vitrinas, donde vemos pasar constantemente a nuestras amigas nadando. Pero la visita debe continuar, y ya vamos a la actividad final. En ella, los representantes del CRAM nos exponen un caso en el que nuestros pequeños deben ayudar. Nuestro caso era el de un delfín varado en la playa que se había desorientado. Con una maqueta de delfín de gran tamaño, los pequeños empezaron a entender lo sensible que es su piel al sol, los primeros cuidados, el balizamiento de la zona y las curas mientras no llegan los expertos. Por cierto, siempre que nos encontremos con un caso así debemos llamar al 112.

Y tras ayudar a devolver al delfín, la visita termina. Nos hubiese gustado ver más de cerca la clínica, conocer más detalles y tener más interacción, pero esto no es un museo: es una visita a una clínica real. Entendemos la limitación del acceso y lo respetamos. Y, como no, ¡lo recomendamos!

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