En esta guía básica, te enseñamos los básicos que debes visitar en tu viaje a Edinburgh
| Tiempo medio de la actividad | 3 días |
| Franja de tiempo ocupado | Medio día |
| Ideal para: turismo cultural, familias |
Hay ciudades que se visitan y ciudades que se sufren con una sonrisa de oreja a oreja. Edimburgo es de las segundas. La capital escocesa es un imponente y fascinante decorado gótico de piedra gris, callejones oscuros y leyendas macabras que parece sacado de una novela de misterio.
Dividida de forma radical entre la caótica y medieval Ciudad Vieja (Old Town) y la elegante y cuadriculada Ciudad Nueva (New Town), Edimburgo te atrapará por su historia, su cultura y, seamos sinceros, por la cantidad de cuestas que van a poner a prueba la resistencia de tus lumbares. Prepara el paraguas (que no te servirá de nada contra el viento escocés) y lánzate a descubrir sus rincones imprescindibles.
Una breve historia de Edimburgo: Barro, sangre y rascacielos
La historia de Edimburgo es, básicamente, la historia de un grupo de gente atrapada en una roca volcánica con un miedo atroz a los ingleses. En el siglo XII, el rey David I plantó las semillas de la ciudad a los pies del castillo, pero tras siglos de guerras y la construcción del Muro de Flodden en 1513, la población se vio obligada a hacinarse dentro de las murallas. ¿El resultado? Inventaron los primeros «rascacielos» del mundo, edificios de madera y piedra de hasta catorce plantas donde los nobles y los mendigos compartían el mismo espacio y los orinales se vaciaban alegremente por la ventana al grito de «¡Gardyloo!».
Con semejante panorama higiénico, las epidemias de peste de 1645 hicieron estragos en los angostos callejones (closes), convirtiendo la Ciudad Vieja en un lugar inhabitable y lúgubre. Cansados del olor a muerte y alcantarilla, los ricos cruzaron el foso a finales del siglo XVIII para construir la New Town, un oasis de avenidas anchas y arquitectura georgiana donde se prohibió terminantemente tirar nada por la ventana.
Hoy en día, Edimburgo ya no huele a peste (ahora huele a malta de las destilerías y a lluvia), y ha sabido reciclar su oscuro pasado para convertirse en una de las capitales culturales más vibrantes de Europa. Es una ciudad que vive a caballo entre el bullicio de sus festivales veraniegos y los fantasmas que, según los locales, siguen reclamando sus derechos de alquiler en los subterráneos.



Cómo llegar a Edimburgo desde el aeropuerto
El Aeropuerto de Edimburgo (EDI) está a unos 12 kilómetros del centro, y llegar a la ciudad es ridículamente fácil. Tienes dos opciones principales que funcionan tan bien que no te darán ni tiempo a arrepentirte de haber viajado con una compañía de bajo coste:
El Autobús Airlink 100: Este autobús de dos pisos de color azul brillante funciona las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Sale cada 10 minutos de la puerta de llegadas y te deja en la estación de tren de Waverley (en pleno corazón de la ciudad) en una media hora. Cuenta con wifi gratuito y espacio de sobra para las maletas, por lo que es la alternativa perfecta si tu vuelo aterriza a horas intempestivas.
El Tranvía (Edinburgh Trams): Es la opción más cómoda, limpia y a prueba de pérdidas. Sale cada 7 minutos desde la misma terminal y te planta en pleno centro (Princes Street o St Andrew Square) en unos 35 minutos. Lo mejor es que no sufre los atascos de la hora punta, ideal para no retrasar tu primera pinta de cerveza.

Nuestro viaje: Esta vez íbamos 5, y eso nos hizo replantearnos ciertas alternativas. Escocia no es barato, de modo que el transporte público tampoco lo es. Hicimos números y nos costaba solo 10 Pounds más ir en taxi que en autobús o tranvía (que cuestan casi lo mismo). Y esto nos llevaba de puerta a puerta, así que probamos un curioso taxi furgoneta de la zona. El precio está cerrado en orígen.
Cómo moverte por Edimburgo
Olvida los mapas de metro: la mejor forma (y la única real) de moverte por Edimburgo es a pie. La ciudad es tan compacta que usar el transporte público por el centro solo servirá para perderte el 90% de su encanto, como sus callejones ocultos, sus rincones medievales y sus músicos callejeros.
Eso sí, la capital está esculpida sobre colinas volcánicas, por lo que tu peor enemigo no será la lluvia, sino las cuestas y escaleras empinadas que pondrán a prueba tus lumbares. Equípate con un calzado cómodo que agarre bien en el adoquín mojado y consuélate pensando que todo ese ejercicio cardiovascular es la excusa perfecta para inflarte a whisky por la noche sin remordimientos.
Algunas actividades Civitatis para hacer en Edinburgh
Para hacer un viaje redondo y conocer más sobre este entorno, te proponemos las siguientes actividades que puedes contratar con Civitatis:
| Free tour por la ciudad nueva y Calton Hill: Explora la elegancia de la New Town georgiana en un recorrido guiado en español que culmina con la ascensión a la emblemática colina de Calton Hill. Tu guía te desvelará la hilarante historia de «la vergüenza de Edimburgo» y cómo la ciudad se obsesionó con parecerse a la Grecia clásica a base de talonarios vacíos. | ![]() |
| Tour de Harry Potter por Edimburgo: Un recorrido imprescindible para los fans. El guía te llevará por los lugares donde se inspiró la autora, incluyendo una parada detallada en Victoria Street para que puedas comparar los comercios reales con el Callejón Diagon. Ideal para caminar en grupo pareciendo una procesión de sectarios con bufandas de rayas. | ![]() |
| Free tour por Edimburgo: La mejor manera de situarte en la ciudad. El itinerario recorre la Royal Mile y desciende por la preciosa Victoria Street mientras un guía te explica historias de peste, miseria y reyes decapitados. Al final es «gratis», pero si no dejas propina, el guía te mirará con un desprecio que te perseguirá hasta la tumba. | ![]() |
| Excursión al Lago Ness, las Highlands e Inverness: Déjate seducir por esta espectacular ruta de 13 horas que te permitirá explorar los paisajes más salvajes de las Tierras Altas y el legendario Lago Ness, aunque —seamos sinceros— no podemos garantizar que el monstruo salga a recibirte. Aunque es un trayecto largo con bastantes horas de carretera, es la alternativa perfecta si viajas con el tiempo justo y no quieres marcharte de Escocia sin haber visto sus paisajes más icónicos. Una escapada intensa y perfectamente organizada ideal para exprimir el día al máximo y llevarte la experiencia escocesa definitiva en un solo día. | ![]() |
| Ruta de Outlander por Escocia: Si eres fan de esta serie, desde Edimburgo y por unos 64 Euros aproximadamente podrás ver diversos escenarios. El transporte en autobús o minibús y el guía español vienen incluídos. | ![]() |
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Qué ver en Edimburgo: Los imprescindibles que no te puedes perder
Para no extendernos demasiado en este artículo, os enlazamos los artículos de las zonas más famosas concretas, donde podréis ver muchos más detalles de cada una.
1. La Royal Mile y el Castillo de Edimburgo
La espina dorsal de la Ciudad Vieja es una avenida adoquinada que mide, exactamente, una milla escocesa (1,8 kilómetros). Es la llamada Royal Mile. Empieza en lo alto con el Castillo de Edimburgo, una imponente fortaleza militar que custodia las Joyas de la Corona y la Piedra del Destino, y desciende majestuosamente hasta el Palacio de Holyroodhouse, la residencia oficial de la monarquía británica en el país. Recorrerla de arriba a abajo es un viaje en el tiempo entre gaiteros, catedrales góticas como St Giles y fachadas de piedra que imponen respeto. Toda la parte histórica de la ciudad es Patrimonio de la Humanidad.
2. Los enigmáticos Closes (Callejones)
De la Royal Mile nacen cientos de callejones estrechos y empinados conocidos como closes. El más famoso de todos es Mary King’s Close, un laberinto subterráneo que quedó sepultado bajo el Ayuntamiento y donde hoy puedes ver cómo se vivía durante la peste del siglo XVII. Si prefieres algo más literario y al aire libre, no te pierdas Lady Stair’s Close, un precioso patio medieval dedicado a las grandes letras escocesas (Burns, Scott y Stevenson).
3. Victoria Street y Grassmarket
Si tienes la sensación de haber estado en Edimburgo sin haber pisado la ciudad, es porque has visto fotos de Victoria Street. Esta espectacular calle curva de dos niveles y coloridas fachadas victorianas es, además de un imán para Instagram, la inspiración directa de J.K. Rowling para crear el Callejón Diagon de Harry Potter. Abajo del todo desemboca en Grassmarket, una animada plaza llena de pubs históricos que, curiosamente, era el lugar donde antiguamente se realizaban las ejecuciones públicas. Negocio redondo: una pinta y una ejecución.
4. El Cementerio de Greyfriars
Mucho más que un lugar de descanso eterno, Greyfriars Kirkyard es un parque temático de lo macabro. Aquí podrás visitar la tumba del tierno (y explotado comercialmente) perro Greyfriars Bobby, esquivar los supuestos ataques del violento Poltergeist de Mackenzie en la Prisión de los Covenanters, o buscar las lápidas de Thomas Riddell y William McGonagall que inspiraron los personajes de la saga de Harry Potter.
5. Calton Hill: La Atenas del Norte
Para disfrutar de las mejores vistas de la ciudad sin tener que escalar una montaña, súbete a Calton Hill. Esta colina de origen volcánico está salpicada de monumentos neoclásicos, entre los que destaca el Monumento Nacional, una réplica del Partenón de Atenas que se quedó a medias en 1829 por falta de presupuesto. Hoy se la conoce como «la vergüenza de Edimburgo», pero es el sitio perfecto para ver el atardecer y asumir con filosofía el clima escocés.







Otros lugares imprescindibles de Edimburgo (Más allá del circuito clásico)
Si ya tienes las lumbares destrozadas de tanto subir la Royal Mile y has sobrevivido a los fantasmas de los closes, es hora de descubrir que Edimburgo tiene vida (y mucha belleza) más allá de los artículos anteriores. Aquí tienes los rincones indispensables que completarán tu viaje, manteniendo el mismo rigor histórico y el toque de ironía de siempre:
1. Dean Village: El oasis idílico (donde se cotiza el metro cuadrado)
A tan solo quince minutos a pie del bullicio comercial de Princes Street se esconde Dean Village, un rincón que parece sacado directamente de un cuento de hadas de los hermanos Grimm. Este antiguo remanso de paz fue, durante más de 800 años, un próspero pueblo molinero que aprovechaba las corrientes del río Water of Leith para abastecer de harina a la capital. El agua corriente y las fábricas modernas arruinaron el negocio en el siglo XIX, sumiendo la zona en una decadencia que, milagrosamente, la salvó de la piqueta urbanística.
Hoy en día, sus fotogénicas casas de piedra del siglo XVII, sus puentes arqueados y la frondosa vegetación que rodea el río lo han convertido en el lugar más bucólico y cotizado de la ciudad. Pasear por aquí es una delicia para los sentidos, siempre y cuando asumas con resignación que nunca podrás permitirte el alquiler de uno de esos preciosos lofts con vistas al río. Un oasis de silencio medieval ideal para desintoxicarte del olor a fritanga de la gran ciudad.
2. Arthur’s Seat: La caminata que pondrá a prueba tu salud cardiovascular
Si Calton Hill te pareció un juego de niños, el verdadero reto de Edimburgo se llama Arthur’s Seat (el Asiento de Arturo). Este imponente pico de 251 metros de altura es el punto más alto del gigantesco parque salvaje de Holyrood, ubicado justo al final de la Royal Mile. No es una colina cualquiera: se trata de los restos erosionados de un enorme volcán extinto que entró en erupción hace unos 350 millones de años, mucho antes de que a los escoceses les diera por inventar el whisky.
Cuenta la leyenda que este lugar era uno de los posibles emplazamientos de la mítica Camelot del Rey Arturo. Leyendas aparte, la subida a la cima por los senderos de tierra te garantizará un viento huracanado capaz de peinarte a la raya y unas vistas de 360 grados de toda la región que te dejarán sin aliento (literalmente). Es la dosis de naturaleza salvaje de las Highlands sin salir de la capital; solo asegúrate de llevar calzado adecuado si no quieres acabar bajando rodando de la forma más indigna posible.
3. El Real Yate Britannia: El barco de los caprichos reales
Ubicado en el puerto de Leith (la zona marítima de la ciudad), el Real Yate Britannia fue la residencia flotante de la Familia Real británica durante más de 40 años. Por sus cubiertas han pasado desde Winston Churchill y Nelson Mandela hasta Carlos y Diana de Gales durante su tristemente célebre luna de miel. El barco fue jubilado en 1997 porque mantener semejante monstruo de acero costaba una millonada pública que los ciudadanos ya no estaban muy laboriosos de pagar.
Hoy en día está reconvertido en un museo flotante flotando junto a un centro comercial. La visita merece muchísimo la pena porque te permite cotillear las diferencias extremas de la vida a bordo: desde los austeros (pero elegantísimos) dormitorios de la reina Isabel II hasta los camarotes hacinados de la tripulación que se encargaba de pulir el barco las 24 horas del día. Es un viaje fascinante a la opulencia de la monarquía del siglo XX, rematado con una sala de máquinas tan limpia que podrías comer un plato de haggis directamente sobre los pistones.
4. Princes Street Gardens: El foso de los cañonazos y el descanso eterno
Este bellísimo parque público separa de forma radical la Ciudad Vieja de la Ciudad Nueva. Hoy en día es el lugar favorito de los locales para tumbarse al sol los tres días al año que el clima lo permite, pero su origen es bastante más tétrico. Antiguamente, este idílico valle estaba ocupado por el Nor Loch, el gran lago norte que servía como foso defensivo del castillo… y como fosa séptica oficial de la ciudad, donde se acumulaban los excrementos, los cadáveres de animales y los sospechosos de brujería atados de pies y manos.
El lago fue desecado en el siglo XIX por pura necesidad de supervivencia sanitaria, y en su lugar se plantaron miles de árboles, monumentos góticos (como el imponente cohete de piedra dedicado a Walter Scott) y un precioso reloj de flores. Pasear por sus senderos con el Castillo de Edimburgo vigilándote desde los acantilados es una de las experiencias más bonitas de la ciudad, sobre todo si evitas pensar en la cantidad de lodo podrido que hay bajo el césped.

5. El Jardín Botánico Real: Un respiro verde (y gratuito)
Si necesitas un descanso de tanta piedra gótica y adoquín resbaladizo, el Jardín Botánico Real de Edimburgo es el santuario perfecto. Fundado en 1670 para cultivar plantas medicinales para los médicos de la época, hoy ocupa más de 28 hectáreas de terrenos espectaculares en la zona norte de la ciudad. Cuenta con una de las colecciones de plantas chinas más grandes del mundo, un jardín de roca impresionante y unos árboles centenarios que imponen respeto.
La entrada a los jardines exteriores es completamente gratuita, lo cual es un milagro en una ciudad tan turística. Es el lugar ideal para pasear con calma, ver cómo las ardillas locales intentan robarle la comida a los visitantes despistados y disfrutar de una perspectiva diferente y muy verde del perfil de la ciudad.
4. Nuestra opinión: es complicado reunir tanto encanto medieval en una ciudad
Edimburgo nos encantó, ese es el resumen. Se trata de una ciudad que destila ese aire medieval inglés que nos encanta, tipo Harry Potter. La parte vieja es casi peatonal o peatonal en su mayor parte, cosa que se agradece y favorece ir a pie a cualquier sitio. Y la parte nueva también resulta interesante, aunque un poco menos. Pero toda la ciudad se puede hacer a base de paseos.
En nuestro caso hicimos un viaje de unos 7 días en total donde visitamos otras partes de Escocia, pero si dispones solo de un fin de semana es una ciudad muy agradable para hacer una escapada.
Puntos a favor:
- Un ambiente medieval único
- Es pequeña, permite hacerse todo a pie
- Mucha historia por metro cuadrado
Puntos en contra:
- El clima no ayuda: normalmente es una ciudad con lluvia, viento o frío (ya en determinadas épocas del año)
- Hay bastantes turistas y ha perdido parte de su autenticidad, pero eso ya es lo normal en la mayor parte de ciudades europeas con encanto
Cómo estar conectado a internet 24 horas en Escocia
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¿Vale la pena ir con seguro a Escocia?
Escocia está casi al lado, pero ya no es Unión Europea, así que sí. No se nos pasa por la cabeza ya hacer este tipo de viajes sin seguros médicos contratados, ya que, cualquier incidencia médica allí te puede costar como tres viajes juntos. Nosotros siempre viajamos con IATI, empresa líder del sector, que nos permite ofrecer un 5% de descuento, pero tienes otras opciones válidas.

Alquiler de coches
Nosotros alquilamos un vehículo por Escocia, ya que queríamos visitar el lago Ness y las Highlands. Aunque se conduce con volante a la derecha, el tráfico es relativamente fácil y me sorprendió lo educada que era la gente en su conducción. Eso sí, hay poca autopista y mucha carretera.
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