Historia de industrialización en Barcelona: 8 puntos clave

¿Por qué Barcelona era buena haciendo cerveza y chocolate? Te lo contamos

Aunque hoy en día lo que vemos es una ciudad rodeada de comercio, actividades culturales, servicios y turismo, Barcelona cuenta con un pasado reciente mucho más industrial del que podemos pensar. No hace tanto, durante los años 80, muchas de estas industrias cerraron sus puertas y sus humeantes chimeneas, para dar paso a esta nueva ciudad. Hoy analizamos ese pasado escondido de la llamada “Manchester del Mediterráneo”.

Os traemos ocho puntos clave que explican la evolución de la ciudad condal y algunas etiquetas que nos pusieron como “la ciudad del pérfume” o la del chocolate. Si queréis visitar alguno, os proponemos el siguiente artículo con algunas fábricas antiguas de Barcelona que puedes visitar originales, pero merece la pena leer este para entenderlo todo.

Llegamos tarde a la Revolución Industrial

Barcelona no hizo los deveres a tiempo, pero los hizo. Si la Revolución Industrial la podemos fijar sobre los años 1760, en Barcelona esta llegó entre treinta y cuarenta años más tarde, primero de un modo más puntual, después con grandes movimientos e inversiones.

Artesanos que se transformaron en industriales

Como la inglesa, la revolución empezó en el sector textil, concretamente con el algodón, recientemente descubierto y que aportaba mejor escalabilidad que la lana. A ello, debemos añadir una población al alza y una mejora abismal en la tecnología respecto anteriores siglos.

Con todo, Barcelona básicamente se copió de otros sistemas que funcionaban más al norte de Europa. Para ello, Barcelona importó ingenieros alemanes, franceses y británicos, los cuales no solo instalaban las máquinas sinó que también explicaban cómo funcionaban.

Y apareció el ludismo: un movimiento social que iba contra las máquinas. “¡Las máquinas nos roban el trabajo!” posiblemente es una frase que hayas oído hoy día también. Pues bien, en el siglo XIX ya sonó y con fuerza, hasta el punto de protagonizar sangrientas revueltas donde se destruyeron máquinas y mataron gente… técnicos franceses básicamente.

La puerta de entrada a los Estados Unidos y a América

Parece paradójico pero Barcelona tuvo su peculiar éxito industrial porqué, en cierto modo, fue el acceso de ciertas industrias al mercado americano. En ese momento, el puerto de Barcelona y el enlace con otras ciudades españolas, permitían exportar productos a todo el continente (incluido el estadounidense) desde Cuba.

Este hecho, en su momento, propició que Cataluña fuera uno de los mayores productores de chocolate. Eramos la suiza del sur. Es curioso, porqué es imposible cultivar cacao en esta tierra. Sin embargo, estar tan conectado con el mundo permitió importar cacao de otros puntos del mundo y fabricar este lujoso e innovador producto que poco a poco fue llegando a todas las clases y a muchos mercados.

Proteccionismo: aquí no entra nada de fuera que ya lo hacemos nosotros

Hubo un momento que todos los países vieron como una amenaza depender de otros. Eran momentos en que el mundo era más pequeño y globalizarlo era una locura para los gobiernos, pues temían perder su industria. En cierto modo, tenían miedo que una industria extranjera fuera mejor o más avanzada que la propia. Para evitarlo pusieron aranceles: los productos fabricados importados tendrían un impuesto extra.

Fabra i Coats
Fábrica Fabra i Coats (Sant Andreu- Barcelona) – Vía Flickr

Pero hecha la ley hecha la trampa. O no, porqué en el fondo se consiguió lo que los gobernantes buscaban: proliferar la industria local. Muchos de los empresarios extranjeros se aliaron con locales para fundar industrias en Barcelona y también nacieron pequeñas industrias. Porqué la industralización no era solo para las grandes industrias como las acereras, la Maquinista Terrestre o la Canadenca; la industralización también eran las pequeñas fábricas de zapatos, de camisas o de utensilios de cocina. Fruto de estas alianzas encontramos empresa como Bayer o la misma Canadenca.

La fábrica: mucho más que una máquina de producir cosas

A veces se simplifica lo que una fábrica supone reduciéndolo solo a la parte productiva y talleres. Una fábrica es mucho más. Supone un centro de trabajo donde encontramos trabajadores cualificados y no tan cualificados, donde se aglutina la gente y hay unas relaciones sociales, donde esta misma gente consigue un sustento para mejorar su vida e incluso avanzar socialmente. En resumen, una fábrica es un centro de creación de valor, no solo económico sinó también social.

Fruto de este valor encontramos que la industria también propició la mejora de la publicidad, la cual se tradució en muchas creaciones artísticas a las que hoy damos valor. Grandes artistas (y no tan grandes) vieron en la publicidad una vía de ingresos.

Publicidad antigua

La evolución de los productos

Se empezó con el algodón y las filaturas, pero esto pedía herramientas y técnicos. A su vez, estas pedían más producción de acero y gente que trabajara el hierro. Y, evolucionando, este mismo trabajador del hierro acabó dedicándose a los juguetes de lata para niños.

Este ejemplo de la evolución de productos lo vemos más marcado en, por ejemplo, la perfumería. Barcelona llegó a ser una de las ciudades que más perfumes hacía, imitando en cierto modo París. ¿Y por qué perfumes? Porqué Barcelona supo sacar rendimiento a su industria química y farmacéutica que evolucionó en parte a estos perfumes. Un ejemplo de ello es la actual empresa Puig.

Guerras que nos dan cerveza

Entre los múltiplos pequeños productos en los que Barcelona se especializó, destaca la fabricación de la cerveza. Hoy nos han llegado empresas como la Damm o la Moritz, pero antiguamente hubieron muchas más.

Pero ¿eran los catalanes del siglo XVIII buenos cerveceros? Posiblemente no. El auge de esta bebida y una mejor profesionalización vino después de la Guerra Franco-Prusiana del siglo XIX. Como toda guerra, hubo grandes movimientos de población. Y aquí estaba Barcelona para absorverla y llevarse este conocimiento a este campo.

Fàbrica Moritz Barcelona
Antigua fábrica Moritz (via Flickr)

El movimiento sindical: protestáis tanto que nos vamos de la ciudad

Pero a finales del siglo XIX y principios del XX la sociedad obrera se enfadó ¿Trabajar más de 12 horas y solo tener el domingo por la tarde libre por un sueldo muy bajo no os convence? Posiblemente a muchos trabajadores de entonces tampoco. Estos se sindicaron y empezaron fenómenos como el pistolerismo, donde sindicatos obreros y patronales de propietarios enviaban sicarios a matarse unos a otros.

La industria necesitaba trabajadores más obedientes, menos rebeldes, pero las ciudades eran un nido de sindicalismo. Así que viajaron al campo y se hicieron las colonias industriales, donde todo era más tranquilo y el agricultor transformado a obrero más dócil. Os lo contamos en este artículo sobre las fábricas y las colonias.

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